

Cuando Manuel García Barrado (Calazada de Oropesa, Toledo, 1918) fue trasladado a Mauthausen en 1941, un oficial nazi del campo de concentración le preguntó por su oficio. Él, que después de pasar por la cantera del Real Madrid había trabajado como delineante y que más tarde fue también ilustrador, trató de explicar su profesión dibujando con sus dedos una casa en el aire. Fue anotado como arquitecto, lo que le sirvió para pasar de la cantera a una especie de oficina de construcción y sufrir unas condiciones de vida menos penosas.
Manuel formó una familia en lo que un día fue el edificio de personal de la SS en Mauthausen. Con su mujer Anna tuvo dos hijos. Uno de ellos se llama también Manuel García Barrado y apenas chapurrea la lengua de su progenitor. “Cuenta que de pequeño sabía muchas palabras, pero se le fueron olvidando. También que cuando le preguntaban dónde vivía respondía que en el campo, para no decir que era la antigua casa del comandante de la SS”.
