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Esta base de datos recoge información sobre las personas republicanas españolas que fueron deportadas a los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
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José Lamora Mazarico


  • Aragoneses deportados
Nombre: José
Primer Apellido: Lamora
Segundo Apellido: Mazarico
Sexo: Hombre
Fecha de Nacimiento: 01/11/1919
Lugar Nacimiento: Albelda
Provincia Nacimiento: Huesca
Comunidad Autónoma: Aragón
País Nacimiento: España

Fecha de la Muerte: 24/02/1943
Lugar Muerte: Gusen
Pariente:

Información Campos de Refugiados:

Campo Refugiados 1:
Campo Refugiados 2:
Campo Refugiados 3:
Destino:

Información Campos Prisioneros:

Campo Prisioneros 1:
Campo Prisioneros 2:
Prisiones:
Origen Deportación: Stalag XVII B, Krems-Gneixendorf

Información Campos Nazis:

Campo Nazi 1: Mauthausen
Fecha Ingreso 1: 19/12/1941
Matrícula 1: 4250
Campo Nazi 2: Gusen
Fecha Ingreso 2:
Matrícula 2: 10144

Situación 1945: Fallecido/da

Biografía:

José fue uno de los nueve hijos del matrimonio formado por Manuel Lamora Fortuño y Constantina Mazarico Ibarz. Residían en Albelda, en la comarca de La Litera (Huesca). Con el cultivo de algunas tierras que poseían, la cría de ganado ovino, el trabajo de la madre en una carnicería y algunos jornales que podían conseguir, fueron sacando a flote a su prolífica descendencia: Constantina, Conchita, Manuel, José, Anita, Pilar, Teresita, Antonio y Miguel. De todos ellos, Manuel y José perecieron a causa de la guerra. Manuel, el mayor y pastor como su padre, murió en la Guerra de España luchando como carabinero al servicio del ejército republicano en la batalla del Segre , concretamente, en los combates que hubo la cabeza de puente de Balaguer, en el cerro del Merengue. Tiempo después, su hermano José también pereció, ya que, tras su huida a Francia, fue deportado al campo de exterminio de Mauthausen y después al de Gusen (ambos en Austria) donde murió.

José nació el día 1 de noviembre de 1919 , según el registro del acta de nacimento1. Era el cuarto de los hermanos y el segundo hijo varón del matrimonio. Igual que Manuel, su hermano mayor, se incorporó como soldado a las filas republicanas. Por aquel entonces, José Lamora era muy amigo de José Purroy Noguero, también hijo de Albelda y soldado republicano. Según testimonio oral de José Purroy2, tras la retirada del ejército republicano, ambos huyeron a Francia, el 13 de febrero de 1939 en el último grupo militar que pasó la frontera, con muchas dificultades, por el Coll d’Ares, cerca de Camprodón. Al día siguiente, fueron trasladados por las autoridades francesas a Prats de Molló, donde estuvieron ocho días en condiciones pésimas. Después, fueron llevados por ferrocarril a un campo de concentración para refugiados españoles llamado Sepfonds, cerca de Toulouse, conocido también con el “Camp de Judes”, en cuyo dementerio reposan los cuerpos de 81 republicanos españoles, fallecidos como consecuencia de las penosas condiciones a las que fueron sometidos.

El gobierno francés ejerció fuertes presiones sobre los refugiados para que regresaran a España. Viendo que su regreso voluntario se producía a cuentagotas, se decidió aprovechar su presencia en favor de los intereses franceses, por lo cual se iniciaron acciones de propaganda para su militarización a fin de reclutarlos como voluntarios por medio de tres cauces: 1) el alistamiento a la Legión Extranjera del norte de África; 2) el ingreso en los Batallones de Marcha (unidades militares compuestas por españoles pero con mandos franceses), y 3) la incorporación a las CTE (Compañías de Trabajo Extranjeras), que estaban adscritas a unidades militares del ejército francés pero coordinadas por oficiales del ejército republicano español. A stas compañías se les encomendarían diversas labores de defensa, sobre todo la construcción de la “Línea Maginot” en la frontera con Alemania. Los dos amigos (José Lamora y José Purroy), según testimonio de José Purroy, pasaron a formar parte de una de las Compañías de Trabajo. Poco después de la declaración de guerra de Inglaterra y Francia a Alemania, las tropas alemanas invadieron Bélgica y rápidamente se adentraron en Francia, cogiendo a muchos refugiados españoles en medio, entre ellos a José Lamora y a su amigo que se encontraban en las playas de Dunkerque: hacia atrás, los alemanes, y hacia adelante, el mar. La aviación alemana bombardeó los barcos y a quienes intentaban acercarse a ellos. Fue una noche infernal. Al día siguiente, el 3 de junio de 1940, la playa estaba llena de cadáveres. Un reducido grupo de soldados alemanes se encargó de detener a todos los supervivientes. Los españoles detenidos fueron hechos “prisioneros de guerra”, entre ellos los españoles de la CTE en la que estaba José Lamora.

Después de cruzar la frontera de Bélgica, tuvieron que recorrer andando todo el país hasta llegar a Holanda. En la desembocadura del Rhin, fueron metidos en unas barcazas a empujones y patadas; embarcaron unos 3.000 en cada una de ellas. El hacinamiento era absoluto, medio asfixiados. Fueron tres días muy penosos navegando por el Rhin hasta que llegaron al centro de Alemania. Allí fueron desembarcados en el pueblo de Enmerich, donde la gente les vilipendiaba y les insultaba al pasar por las calles. Desde allí, como llevaban aún el uniforme francés, fueron trasladados en tren a los llamados Stalag (abreviación del vocablo alemán stammlager), concretamente al Stalag XVII B Gneixendorf cerca de la población austriaca de Krems, el mayor de los Stalag llegandio a albergar hasta 64.000 prisioneros de varias nacionalidades, entre ellos muchos españoles. La vida en los Stalags era muy dura, pero al menos estaban teóricamente protegidos por la Convención de Ginebra: llegaban ayudas de la Cruz Roja, la comida daba para subsistir y no se sufrían maltratos. Allí José Lamora y su amigo estuvieron año y medio. El gobierno colaboracionista de Vichy se negó a reconocer a los españoles como prisioneros de guerra franceses y la Gestapo efectuó controles en todos los Stalags para identificarlos. Declarados apátridas, empezó su deportación al campo de Mauthausen a principios del mes de agosto de 1940.

Una mañana del mes de diciembre de 1941, los dos amigos fueron incorporados a un grupo de 300 españoles y trasladados a una estación de tren sin saber adónde iban. Pensaron que los devolvían a España. Pero el camino conducía a un lugar del que nunca habían oído hablar: el campo de concentración de Mauthausen. Donde comprobaron que había ya españoles con un aspecto cadavérico, y pensaron que aquel lugar sería el fin de sus vidas. En el campo también había otros prisioneros de varias nacionalidades y presos comunes alemanes, pero éstos estaban a las órdenes de los mandos del campo. Cada prisionero era marcado con un distintivo diferente: los españoles llevaban un triángulo azul con una S de Spanier dentro. Nada más llegar, los dejaron completamente desnudos y un peluquero les rapó todo el cuerpo. Luego, las duchas y el uniforme de preso y unas chanclas de madera sujetas con una loneta. El distintivo iba en la parte derecha de la chaqueta y en la parte izquierda del pantalón. Los uniformes se “heredaban” muchas veces de difuntos, y eran muy finos, sin capacidad de abrigar en el clima de la Europa Central.

José y su amigo fueron alojados en el barracón número 12, donde se amontonaban unos 300 españoles. Al poco tiempo de llegar, averiguaron una cosa terrible: entre el régimen alimenticio, el trabajo en la cantera, la disentería y los malos tratos, nadie sobrevivía más de tres o cuatro meses. De los que habían llegado tres meses atrás, habían muerto la mitad. El hambre era uno de los métodos de maltrato físico y psíquico. José Purroy cuenta que los prisioneros pensaban todo el día en comer, pues la comida solo representaba como mucho unas 1.000 Kcal. al día, lo cual es completamente insuficiente para un hombre con gran actividad física y trabajando en la intemperie; al menos necesitaban 3.500 Kcal. diarias. Al cabo de mes y medio, José apenas pesaba 35 kilos. El objetivo estaba claro: comer algo más para conseguir sobrevivir. El trabajo en la “cantera de la muerte” era durísimo, todo el día subiendo y bajando bloques de piedra a hombros por una larga y maltrecha escalera de 186 escalones. Y los dos amigos enseguida se dieron cuenta de que para sobrevivir y salvarse era necesario comer algo más de la ración que les daban. Desgraciado el que acababa en la enfermería del campo, porque ya no se le veía nunca más. Todas las enfermedades y lesiones había que curarlas clandestinamente, de lo contrario, era el fin.

Pero un acontecimiento inesperado marcó el destino de José Lamora y José Purroy. El campo estaba en construcción, se tenían que mover grandes masas de tierra para agrandarlo y construir nuevas dependencias, más barracones, levantar las murallas,… Puesto que en el inicio solo había dobles alambradas electrificadas. Para ello, se crearon algunos comandos de la construcción (grupos de trabajo a las órdenes de un Kapo), en los cuales había muchos españoles, ya que, al ser sobre todo artesanos y obreros que habían trabajado en las CTE francesas, tenían cierta destreza manual y conocimientos. Enseguida los dos amigos comprobaron que sólo formando parte de uno de esos grupos especiales habría posibilidades de seguir con vida. Una noche, José Purroy escuchó una conversación en la que se decía que se precisaban 20 españoles, no especialistas de la construcción. Se lo dijo a su amigo José Lamora, y se presentaron los dos para formar parte del nuevo comando. José Purroy tuvo mucha suerte y lo cogieron, pero a José Lamora, viéndole con el uniforme manchado de blanco (como de yeso) lo rechazaron, pensando que ya era un obrero de otro comando de la construcción. Y por mucho que intentó explicarse una y otra vez, al final fue rechazado. Ello supuso la salvación para José Purroy, pues tendría un suplemento de comida, cierta libertad de movimientos y no recibiría malos tratos, pero por desgracia fue el final para José Lamora, dado que no formaba parte de ningún comando y tendría que sobrevivir a los trabajos forzados de la cantera, a los malos tratos y a la escasez de comida.

En efecto, José Lamora no aguantó la dureza del campo y poco después enfermó: tenía diarrea con sangre debido a la inflamación de los intestinos. Era la maldita disentería que muchos prisioneros del campo contraían antes de morir. No sabemos si José enfermó en Mauthausen y luego fue llevado al campo de Gusen o fue trasladado a trabajar a este campo, donde enfermó. Lo cierto es que al poco tiempo murió en Gusen, según los archivos, el 24 de febrero de 1943 a la edad de 24 años. En este campo las condiciones higiénicas eran muy malas y las laborales aún peores que en Mauthausen. Ser transferido a Gusen era como una pena de muerte. Fue el campo más mortífero para los españoles. Seleccionaban además a los más debilitados.

Por suerte, José Purroy gozaba de una cierta libertad en Mauthausen y, con el paso del tiempo, le permitieron enviar una especie de tarjetas en las que comunicaba a sus familiares que aún estaba con vida. Cuando se enteró de la muerte de su amigo de juventud, escribió a su familia del pueblo de Albelda, en una de aquellas tarjetas, el siguiente texto en el que, de manera indirecta, les informaba de la muerte de José Lamora: “José bien, está junto con su hermano Manuel”, el mayor de los hermanos, que también había muerto luchando por la República.

1. En los archivos oficiales figura que José Lamora nació el 2 de noviembre de 1920. En todas sus fichas hay un error de datación en el día y el año su nacimiento.

2. Varios de los hechos descritos en esta nota biográfica se han obtenido de la entrevista realizada a José Purroy Noguero por el periodista Vicente Alcubierre Moreu en el periódico EL PIMENDÓN del pueblo de Robres, situado en la comarca de Los Monegros, lugar donde fue a vivir después de su liberación y vuelta a España.

Texto: Josep Rosell Lamora

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